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No nos divertimos porque somos niños fuera de lugar. Nacidos mil años antes de nuestro tiempo. Con padres y amigos que nos quieren, pero que no comprenderán que nunca debimos de vivir este momento. Somos pues, como ese huevo que rompe el cascarón antes de tiempo y muere al caer del árbol. Su caída es nuestra vida, un constante descenso hacia la oscuridad más absoluta, hasta el momento en el cual cerremos los ojos… pero que si lo hemos hecho bien, nos recordarán como alguien fuera de lugar, que acercó nuestro sueño al futuro. Seremos olvidados, pero formaremos parte de una sinfonía mucho mayor, una nota, en un juego de tonos, que será nuestra obra más hermosa, y que nunca apreciaremos.

Thank You P.J.Fry for opening my eyes.