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Permanece en un lugar cerrado. Húmedo y oscuro. Medio roto y frio. Según pasen las horas, estará cerca de congelado. Solía ser parte de algo más grande y mayor, algo que tenía un significado mejor, algo que acompañaba un gran día, bonito y querido. Ahora es solo un trozo que recuerda el egoismo y el dolor, de la derrota y el miedo. De huir del dolor causado, algo que un cobarde teme, por eso aparta la mirada. Ahora tengo trescientos sesenta y cuatro días para afrontarlo.