Caeremos para levantarnos, para volver a encontrar una razón, para aprender de los errores.

Caeremos para no volver a levantarnos, para consumirnos en el dolor y la miseria, de nuestro corazón, nuestra mente, y nuestra realidad. Perderemos la conciencia, el uso de la razón será sustituido por el uso de las copias. Seremos engañados, seremos confundidos, por aquellos que sin tener claridad sobre sus deseos, llegan a los nuestros para hospedarse en ellos. Nuestra debilidad siempre fue confiar, pero la mayor fue sentir. Creer que llegaría pronto el día que encontrásemos una realidad que calmaría y podría satisfacer a quien nos gobierna. Lejos del poder de los demonios, pero creímos mal, pues no podemos encontrar algo que está contaminado. Solo los demonios pueden darse placer entre si, pero de manera inconsciente o consciente, esos seres dejan y toman el control a placer, confundiéndonos y haciéndonos perder la razón sobre nuestros actos. Aquellos que los temen tienen el control, la ignorancia gobierna el sistema, marginados quedamos por los deseos de extraños seres que percibimos durante horas. Cansados, nuestro refugio nos aguarda, mas como prisión a la cual llamamos hogar, un océano donde nos ahogamos, donde las manos nos rescatan para volver a hundirnos, y los náufragos que encontramos nos prestan nuevos invitados, que lejos de abandonarnos o perecer, se unen a los habitantes que acompañan nuestro infierno. Recorreremos el camino hasta que el último de ellos nos haya elevado a la siguiente vida, nunca nos abandonarán porque serán siempre nosotros, y nunca podremos matarlos, o acabaríamos nosotros de igual manera. Somos los seres que odiamos, somos los seres que comprendemos, y a pesar de vuestra sorpresa, sumidos en vuestra ignorancia, jamás comprenderéis nuestros actos porque nunca fuistéis capaces de comprenderos a vosotros mismos.