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Me queríais de vuelta, no pensastéis en las consecuencias, vuestro egoismo os ciega, el interés se perpetúa en las acciones que decís no cometer, la hipocresía solloza porque muere entre vuestros dientes, las rosas son bellas no por su color sino por su dolor, se tiñen con la oscuridad de mi corazón y la vida pudre las lagrimas que caen inhertes al suelo.

Asquerosos seres afectados por una infección que solo puede ser curada con la muerte, me repugna vuestra presencia y vuestro olor, vuestro ruido y vuestro dolor, tan endeble como el reflejo quebrado del agua al lanzar un cráneo. Soy un producto digno de vuestra farsa, un caos que devora, pero sueña con las estrellas.