Borrones en una hoja reciclada que ha consumido más átomos de hidrógeno y oxígeno que árboles de granja. Las estrellas fugaces que caen del cielo cuando el sol se alza en su zenit, pájaros en combustión descendiendo al reino del hombre. Sus puertas oxidadas, en pie se mantienen con los cadáveres de sus congéneres. Edificios de hueso, enfermos de osteoporosis, la ventilación aquejada de cáncer pulmonar. Fresco aroma de libertad.

Llueve alcohol y el asfalto se descompone deforme, cirrosis concluyeron. Nada dijeron sobre aquellos que lamían la deformidad. Ajenos a la realidad, arrítmicas fluían las palabras de sus bocas, alentados, las masas obstruían decenas de hombres sin nombre. Nadie comprendía la sobriedad de mis lágrimas. Nadie podía verme reflejado. Frágil violada realidad.