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Hasta el día de hoy, había sentido lo que era sentir con el corazón. Quiero decir, cuando sentía algo; curiosidad, deseo, cariño, amor, etc, era mi corazón quien sentía porque mi cabeza se movía de manera diferente. Es entonces cuando sin más, aparece alguien en tu vida con quien hablas. Alguien que nunca has visto, que no puedes ver, y que llena cada uno de los ideales que tu mente tiene de como debería de ser la persona “ideal”. Entonces, producto de la curiosidad, la intriga, el deseo, quién sabe qué, la cabeza se interesa por esta persona. Por sus ideas, por su forma de ser, pensamientos, por cosas que para esa persona forman parte de su día a día, pero que para alguien como yo, que vive sumido entre la calma y el caos mental y diario, tienen un atractivo más poderoso que cualquier imagen o representación física. Porque aun ahora después de ver a esa persona, no podría importarme menos su apariencia física, porque lo que hay en su interior, es fascinante y asombroso en todos los sentidos de la palabra.

Llamadlo emoción, llamadlo el tener las ideas en caliente, pero es como mirar a las estrellas, y que éstas te puedan hablar.