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Las gotas de lluvia bombardeaban la calle, caían rojas reflectando la luz que marcaba el camino. Ríos de sangre incandescente interrumpidos por sus pasos acelerados buscando el lugar. Herido, su rastro se desvanecía al instante como si la naturaleza del agua le ayudase a no dejar indicios sobre su recorrido. Tambaleándose por el distrito en alerta, solo podía seguir caminando hacia delante, corriendo más rápido que el flujo del agua derivando a los canales, más rápido que aquellos que le buscaban. Tan solo confiando en que fuese verdad que al final del río de luz roja encontraría el lugar seguro. Nadie se había aventurado a tal lugar de la ciudad, el sector negro estaba prohibido para todos, y dos portones inmensos conectados entre si por una muralla que se elevaba hasta las nubes, se encargaban de ello. ¿Se abrirían las puertas o caería ante ellas?