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Una decisión. Un instante. Nos creemos con la capacidad de gobernar sobre nuestra vida, pero no hay nada más lejos de la realidad que ese pensamiento.

La frase de: siempre habrá alguien por encima de nosotros, es verdad, y esa persona con una simple decisión, puede cambiar nuestras vida. Decisión tomada por trabajo, por obligación, por convicción, nuestra vida está tan en sus manos como en las nuestras. Y cuando no es ese alguien por encima nuestra, es esa otra persona a nuestra altura o por debajo, que de igual manera puede acabar con nosotros. Pero todo puede ocurrir en un segundo, y en ese segundo, lo que era un camino estable, puede verse partido por un terremoto que hunda todas nuestras ilusiones, o realidades de futuro.

Lo que unas horas antes era un sueño producto de la ilusión, ajeno al cruel destino que la tinta firma tras de si, horas más tarde se convierte en una pesadilla, y lo que tus ojos veían con ilusión, lo ven con desesperanza, miedo, agobio. Recuerdas tus actos hasta ese mismo momento donde te dicen lo sucedido, y no puedes dejar de pensar cuanto has malgastado, cuan poco te ha importado todo hasta ese mismo momento, donde el miedo se apodera y te sientes acorralado por un futuro que nunca habrías imaginado.

No se que será de mi vida llegado este punto. La tinta es dueña de mi futuro. Lo que alguien escriba con ella, marcará el camino que llevaré, y sentenciará de nuevo todo aquello por lo que había vuelto a soñar. Alea iacta est.