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Está este sentimiento. Es una sensación. Duele. Te hunde. Lo siento conocido. Poco a poco vuelve a acabar conmigo. Miedo, desconfianza, duda, angustia. Parece olvidado pero a mitad de noche te golpea el pecho, te atenaza el corazón y aporrea tu cabeza. No contento con eso, en plena madrugada te despierta, el estomago en la garganta, sudores fríos, la vista nublada. No sabes si eres un muerto que espera a que se lo confirmen, o un vivo que espera ser matado.

La situación, el modo, el tiempo, los actos, y que aquello que siento, que ya lo haya sentido antes… pero con dos pequeñas diferencias. La primera; que nunca había sido tan intenso como ahora el dolor. La segunda; que ya lo creía olvidado.

La mentira duele, pero lo tengo asumido en mi vida y dejo que fluyan rio abajo, pero cuando la cabeza te va contaminando con pensamientos… pensar que están jugando contigo, pensando que he vuelto a morir, te vuelve a consumir. En dos días apenas he comido. En dos días apenas he dormido. En dos días el dolor no ha parado. El sol ha salido pero no me calienta. Estoy frío, congelado. Con abrigo solo consigo sudar pero me sigo sintiendo helado. Con una ducha de agua caliente siento el agua fría, con el agua hirviendo, mi piel se vuelve de un rojo intenso que reemplaza la sensación de frío por el escozor del agua extremadamente caliente, pero incluso esa sensación dura unos minutos, porque momentos más tarde vuelvo a encontrarme totalmente congelado. El interior de mi cuerpo se siente gélido, muerto, mi respiración es calmada, y el aire que expiro también se siente helado.

Me gustaría abrir un agujero en la capa de un lago congelado, para poder zambullirme en el, notar como el frío que siento en el interior, se enamora de la gélida agua exterior que me rodea, que entumece mis extremidades, que lentamente me abraza en un sueño eterno, y por fin seguir el curso que marcase la corriente.