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Esos amigos que te acompañan siempre, que te ayudan a levantarte, que hacen lo imposible por verte sonreír, con los que compartes problemas, y que son los primeros a quien abandonas cuando sales de tu mierda. Que te recuerdan todo lo que quieres olvidar, los que asocias a los peores momentos pero nunca a los mejores, por todo cuanto hicieron por amor y amistad  por y para ti. Porque fuiste demasiado egoísta, y evitamos que te rindieses a tu destino, luchamos por ti cuando no te quedaban fuerzas, y pasamos noches en vela pensando qué hacer, preguntándonos cómo hacer que vieses lo que todos nosotros veíamos en ti.

Todo eso queda en el olvido cuando decides irte con aquellos con los que nunca compartiste tus secretos, aquellos que no aguantaron las piedras que nos lanzaste, que no soportaron tu dolor, que no cargaron con tu esperanza… De eso ellos no saben nada, y tu parece que lo vas a olvidar. Porque nos usas como cerillas, llamarada brillante durante un parpadeo, fuego incandescente un suspiro, extinguida la llama, caemos en el olvido.

Según el dicho podemos ser muchos tipos de persona, pero pienso que tan solo somos aquellos de los cuales nos rodeamos. Por simple que parezca, nosotros mismos tan solo somos la mitad, y quienes nos rodean, quienes elegimos, forman la otra parte. Al menos es mi opinión, y lo que últimamente me demuestran. Quizá luego todo cambia, porque nada es invariable, de la misma forma que yo he cambiado, otros pueden hacerlo, pero eso lo dejamos para el futuro.