Etiquetas

El dolor que una persona te puede causar es grande, pero el dolor que causa ver a alguien que amas sufrir, y alejarse de ti, no tiene comparación. Cuando con todo el dolor y el pesar acumulados en tu corazón y en tu pecho, tienes que tomar una decisión tan dura que desearías no tener cuerpo para no sentir todo el peso del mundo acumulado en tu interior. Es entonces cuando el alma se rompe. Cuando caes sin esfuerzo, ya no luchas, ya no gritas, ya no lloras, pero notas como tus ojos derraman esas lágrimas que no sientes, cuando tu garganta se ahoga en sus propio silencio, y por tu cabeza pasan imágenes de como con tus manos te abrirías en canal para arrancarte esternón y corazón. Todo… mientras caes tan lentamente que puedes notar como todo cuanto te envuelve pierde significado.

A pesar de ello, a pesar de haber tomado una de las decisiones más duras de tu vida, tienes que seguir adelante y levantarte, no puedes quedarte bajo la ducha, tratando de que el agua esconda para siempre tus lagrimas, y el ruido de ella al salpicar silencie tus sollozos. Esa persona que amas, y que se aleja de ti y del mundo, te necesita, y tu la necesitas más de lo que ella comprende. Ayudarla, estar a su lado, no se ha convertido en un deber, se ha vuelto una obligación. Eres su último nexo de unión con la vida, y por roto, desvalido, miserable y débil que te puedas sentir, tienes que sacar todo cuanto alguien pueda necesitar para ayudarla. No quieres perderla para siempre. Pero tampoco quieres sufrir toda la eternidad. Por desgracia, mientras ella reniegue de la vida, tu deberás acompañarla hasta que, juntos, consigáis devolverla al lugar del que nunca debió haberse ido.