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Mi cabeza me devora, devoro mi cabeza. El amor devora mi cabeza y me devora a mi.

No existe sentimiento más frustrante para mi. Aquel que no puedo sentir. Que ni dejándome sentir siento. Que ni dejando, siente. He perdido el norte y todo hoy. Recogiendo los cajones y juguetes, de más de diez años, de más de veinte años, me he dado cuenta de que seguía siendo la misma persona. Soy como era con 3, con 13 y con 23. Puedo tomar otro camino de forma puntual, pero siempre vuelvo al origen. Soy tan natural, que me he podrido.

Dirán que nosotros creemos que no cambiamos, que lo hacemos, pero que es tan poco a poco que no nos damos cuenta. Primer error. Pensar que soy como los demás. Que tenga dos ojos, dos orejas, dos manos, y dos piernas, no me hace igual que los demás seis mil millones de personas. No me creo uno entre mil millones, pero si suficiente único para no conocer a nadie como yo. De todas formas, alguien como yo, tampoco se daría a conocer. Además de que seguramente nos odiaríamos mutuamente.

Volviendo al tema. Cometo los mismos errores una y otra y otra vez. Soy incapaz de hacer algo bien. De pensar algo bien. Siento como si hubiese nacido con el cometido de crear un caos. En realidad tengo pocos problemas. Solo que son recurrentes, y son bastante dañinos. Un alcohólico puede tener un solo problema. El alcohol. Pero ese único problema, puede ser suficiente para acabar con el. Pues igual conmigo. Puedo tener tres, cuatro, cinco problemas. Pero son suficientes para acabar conmigo. No hay problemas grandes ni pequeños, de este tipo. Solo problemas. Porque nada me impide matarme, como matar a alguien. Porque mi sentido de la justicia, y del bien y el mal, está tan trastornado, que puedo ganarme el calificativo de inhumano. Pero para mi sería un halago. Soy lo único que no quiero ser, humano. Me da asco saber lo que hacemos. Saber como somos. Saber que tenemos tantas limitaciones como debilidades.

Puedo lanzar una moneda al aire, y decidir si vives o mueres, como Harvey Dent. Puedo optar por matarte sin más, sin odio, ni amor, ni ira. Simple locura y diversión, como Joker. Puedo luchar y matar por mis convicciones, por mis pasiones, y mis sentimientos como Bane. Puedo defender mi idea de justicia como Bruce Wayne. Pero todos tienen algo en común. Que solo pueden ser ellos mismos en la oscuridad. Menos Joker. Pero ya se sabes que a los malos, les gusta estar en penumbra porque mola más. El caso, que solo es en la oscuridad cuando somos nosotros mismos. Porque cuando se habla de exterminios, de genocidios, de la edad media, siempre se cataloga como “la época más oscura.” Decir que empezamos a ser humanos, cuando inventamos el fuego, es lo mismo que decir, que dejamos de ser animales cuando abandonamos la oscuridad.

Sin embargo, es de noche, en la oscuridad, cuando podemos ser nosotros mismos.