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Los “cómo” y “por qué” de lo que ha brotado en mi, serán una incógnita, pues eres de esas personas que son llamadas amor platónico. Eras… eres(?) ese sentimiento irrealizable, tan cerca pero a la vez tan lejos. Te veo tan próxima a mi, solo un puente de madera nos separa, pero cada tablón grita miedo, grita inseguridad, grita desconfianza. Si corriese velozmente saltando de dos en dos, planeando por encima del puente, como un haz de luz llegaría hasta ti… pero la oscuridad se cernería sobre nosotros mientras nos damos cuenta que nunca abandonamos ese puente medio roto, y para cuando quisiésemos reaccionar, tu historia se habría vuelto a repetir y estaríamos cayendo al vacío de dolor.

Soy un jugador, un curioso, un práctico, un teórico. Podría hacerlo mal y ‘poseerte’, viviendo el momento, sabiendo que el fin sería cuestión de tiempo. Cuando otros ojos se fijasen en ti, y otros labios susurrasen tu nombre, y otro cuerpo te rodease. Inevitablemente llegaría si escogiese el camino del carpe diem. La culpa sería tanto tuya como mía, pues ambos lo habríamos permitido. Yo por ser ingenuo e impulsivo, tu por ser como eres.

Si hay destino, y está escrito que debemos fracasar juntos, prefiero caer habiendo intentado lo que nadie antes intentó, a caer en el olvido como uno más entre los que lo intentaron. Al contrario de lo que te dije, no soy inteligente, ni soy listo, ni soy nada más que yo mismo. Lo que has visto y recuerdes, es lo que soy. Como una hoja de papel doblada, ya será cuestión tuya ir desdoblando tanto como quieras conocer, hasta llegar a ver las cuatro esquinas, y estando aquí, en Roma, o en Tokyo, podrás arrancar parte de esta hoja y llevarla contigo para que recuerdes lo que puedes llegar a tener, lo que puedes llegar a querer, y lo que puedes llegar amar. Porque el amor, como la vida, no tiene niveles, y solo recorriendo el camino hasta el final, podemos llegar a saber que se esconde tras lo que se siente. (deseo, placer, cariño, amor…)

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