El Martes, una persona me recomendaba Into The Wild, ese Viernes noche la comenzaba, y un Sábado catorce de Febrero, pasada la media noche, la acababa. Mientras las parejas felices estarían viendo una película romántica, o haciendo el amor. Las parejas menos felices, tratando de solucionar todos sus problemas en una noche, y las infelices rompiendo. Mientras aquellas otras personas sin nadie con quien compartir un te quiero o un te amo, pasarán la noche de iguales maneras o diferentes…

No debería de llorar por el protagonista de la película, si creo que nos podemos parecer en algo, tendría que alegrarme, porque su alma consiguió hacer lo que quiso. Pudo liberarse del mundo, y recorrerlo libre de ataduras. Cumpliendo lo que su alma, su instinto, sus impulsos, le pidieron. Ninguna muerte puede ser feliz, pero todos los que vivimos conociendo nuestros propios deseos, sabemos de lo maravillosa que fue su corta vida, y seguro que durante algún momento durante sus últimos alientos, pudo respirar con alivio, sabiendo que había vivido.

Por contra aquí estoy yo. Con más de cien mil kilómetros recorridos en mi vida, y apenas disfrutados. Amo viajar, amo perderme, y descubrir lugares y gente nueva. Lo malo, es que la suerte en la que no creo, siempre me ha sido esquiva, y acabo con personas o en lugares que no debería. A pesar de todo, aquí sigo, delante de un ordenador escribiendo, soñando sobre cómo sería hacer todo eso que tanto ansío realizar, pero que ni siquiera puedo hacer.

¿Por qué?
Haciendo referencia a una frase de la película La felicidad es real cuando [es] compartida. Por desgracia no tengo con quien hacerlo.

53e9ae9109ebd2669ab7b4e18995c871